FUTBOL EN MI VIDA

“Los domingos de mi infancia fueron días especiales porque siempre pasaba lo mismo. En mi “agenda” semana tras semana se repetían dos eventos y ambos me alegraban… ok, la misa no tanto ¡pero el fútbol! A las 11 de la mañana, después de ir el mercado, después de desayunar, me iba a la esquina de mi casa a cumplir la cita con el balón. A veces ya estaban sentados en el anden un par de amigos, a jugar sólo empezábamos cuando completábamos seis jugadores. Tres contra tres era el partido más pequeño, cumpliendo una regla no escrita para retardar el cansancio. Ibagué, la ciudad donde crecí en Colombia, tiene un clima muy caliente, correr con el sol del mediodía toda la cancha, como toca cuando son pocos jugadores, es un suicidio. Usualmente éramos de 15 a 20 muchachitos que se dividían en tres o cuatro equipos. Los domingos no sólo se jugaba al fútbol, mientras esperábamos turno para entrar a la cancha construimos sólidas amistades, a mi la mayoría de ellas me han acompañado toda la vida. Nunca jugábamos más allá de las dos de la tarde, a esa hora regresábamos a casa, nos duchábamos, almorzábamos y hacíamos una corta siesta. A las 3 nos íbamos al estadio a ver perder a nuestro equipo profesional, el Deportes Tolima. A la salida yo tenía que marchar rumbo a la iglesia, mi mamá me esperaba en la misa de 7 de la noche. Y así cada domingo, soñando con convertirme en una de las estrellas que veía por televisión cada 4 años en los Mundiales: México 70, Pele, Roberto Carlos; Alemania 74, Beckenbauer, Müller, Cruyff; Argentina 78, otra vez Cruyff, Kempes, Teofilo Cubillas; España 82, Zico, Paolo Rossi; México 86, Maradona, Italia 90, Valderrama, Higuita, Asprilla … Fue un proceso largo hasta aceptar que mi talento alcanzaba apenas para los partidos domingueros. Aún así la pasión que genera el baloncito me ha brindado incontables alegrías. En mi vida me ha abierto puertas a lo largo del mundo, en Bogotá, en la Universidad, mis mejores amigos y cómplices de farra, mis compañeros en “Bavaria Fútbol Club” (Pedro, Toño, Mario, Álvaro, Nestor, Julio, Oscar, Jorge…), y mis (nuestros) rivales preferidos, los jugadores de “Agreval”.En Atlanta, en mi primera visita al Piedmont Park, bastó preguntarle a Marcelo, que así se llamaba el hasta entonces desconocido argentino, si podía jugar con ellos, para terminar siendo parte de en un equipo que ganó a lo largo de casi 3 años todo lo que se podía ganar en la liga de Georgia. No gracias a mi, debo aclarar, tampoco gracias a Álvaro Mocillo, Ismael Peña, Diego Bustos o Arley Londoño, con quienes reí más de lo que jugué. Cuando sale el sol en Munich me voy al Englisher Garten, allí siempre hay con quien montar un buen partido. Cuando hace demasiado frío llamo a Daniel o a Holger para saber dónde se van a reunir a jugar bajo techo. El fútbol es muchas veces sólo una excusa para encontrar amigos, tomar algo juntos y hablar de mil cosas. En el desierto del Sahara también tuve la fortuna de patear el balón con los beduinos, sin saber que decían y con 40 grados a la sombra, nos entendimos de maravilla a la hora de celebrar los goles. En ese momento me quedó claro, una lección para toda mi vida, que el fútbol es mucho más que el resultado al final de los 90 minutos de juego y de eso se trata este blog. El Mundial está ante puertas y muchas cosas por contar…

¡ Bienvenidos !

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