Dificultades para caminar o sentarse.
Ropa rota, especialmente la interior o presencia de sangre en ella
El niño empieza a tocarse mucho, jalarse el pantalón o la falda, repetitivamente.
Trauma en los senos, nalgas, parte baja del abdomen, en los muslos.
Embarazo
Durante juegos, clases de educación física, práctica deportiva, etc., hay movimientos que se le dificultan al niño o niña.
Infecciones venéreas. La más común es el condiloma que se presenta como una verruga dolorosa que se deben tratar con cremas o cauterizaciones. Cuando el niño es portador lo acompañarán siempre, especialmente cuando se le bajen sus defensas.
El niño puede volverse muy retraído y silencioso, algunos desarrollan mutismo. O por el contrario, su comportamiento es agresivo en exceso.
Repentina caída en el rendimiento académico.
Alucinaciones visuales, táctiles o sensoriales en general.
Depresión permanente.
Ponerse ropa sobre ropa, necesidad de utilizar muchas prendas de vestir para dificultar el abuso.
Después de que el niño ya aprendió a ir al baño vuelve a la etapa de no controlar esfínteres. En algunos casos puede retener las heces para que el abusador sienta incomodidad y no lo intente nuevamente.
Aversión al acto de acostarse, sueños alterados o con pesadillas, no quiere dormir solo, ni que lo dejen solo en su habitación.
En relación con otros niños, sus relaciones son pobres: no participan en sus juegos o son demasiado complacientes.
Son “demasiado juiciosos o juiciosas” porque se acostumbraron a complacer.
No les gusta ir a visitar la casa de algún familiar o amigo. Quiere evitar los viajes familiares o las reuniones.
Comportamientos y comentarios de adulto con referencias sexuales.
Terminan huyendo del hogar y acercándose peligrosamente a la prostitución o al suicidio.